¡Terremoto estremece Haití, magnitud 7.3 en la escala de Richter!; El imperativo inmediato: salvar vidas; La ayuda humanitaria empezó a llegar con cientos de rescatistas; Hay problemas en el aeropuerto de Haití. (…) “tenía miedo, dolor, hambre, quería que alguien me encontrara”; (…) no tengo miedo a la muerte; (…) mamá no me dejes morir”. Titulares y testimonios que ya no serán primera página. Los medios de comunicación se irán, pero ellos quedarán.
Transidos por el dolor unos, agobiados por la soledad otros, empiezan a salir de la urgencia para llorar a sus muertos o enterrarlos y seguir adelante porque la vida para ellos continúa; aunque para algunos ahora es cuando empieza. Escenas de personas deambulando por las calles con la mirada perdida, buscando a sus seres queridos debajo de los escombros, donde cada escombro esconde una tragedia, una vida. Con la ilusión óptica de verlos llegar, de traspasar el umbral de la puerta de sus casas, las que quedaron en pie, esperan por que ocurra un milagro.
Tampoco estarán las víctimas ocultas de los desastres: los socorristas y los rescatistas. Porque aunque pretendan negarlo, ellos también reciben el impacto de las imágenes de muertes grotescas en accidentes con saldo masivo de víctimas, la muerte de un compañero en acción o en situaciones de desastres como el terremoto en Haití
El género le da forma a los mundos sociales dentro de los cuales ocurren los desastres naturales. Las mujeres son más vulnerables a los desastres debido al papel que les ha asignado la sociedad. Después de un desastre relegan sus necesidades y no tienen espacios para elaborar ellas sus propios duelos, por la gran responsabilidad al encargarse del bienestar de su familia. Pero, las mujeres son como las orugas que caen de las ramas y vuelven a subir y subir con esfuerzo, enseñando la virtud de la perseverancia. Pero, cuando las haitianas y haitianos ya no sean primera página, la Cruz Roja estará con ellos aligerando su recuperación y preparándose porque mañana, vendrá otra dificultad.
Orminda Luján